Un hombre Vitalista
Ha sido un latigazo hiriente en la fría jornada la noticia de la muerte de don Ignacio. Muchos le llamábamos así, autoridad moral y de afectos que se ganaba de todos, tratamiento que en él no era distancia, ni tópico, sino cercanía, proximidad, puro amor, respeto y consideración por el otro.
Era pura energía, vitalismo, optimismo y emprendedor, hombre de una gran apertura de miras, vislumbraba proyectos y triunfos hechos a golpe de trabajo, tesón y constancia. No se arredraba ante ninguna dificultad, lo encontraba todo fácil.
Así logró crear una cadena de colegios, centros educativos de calidad en España y el extranjero, junto con la intuición agudísima de su esposa, doña Marisa, corazón, ánimo y potencia, arrolladoras e imparables, que él atemperaba y serenaba con su fina inteligencia y sus cualidades de organizador y estructurador.
Por inteligente, tenía don Ignacio un exquisito humor, que allanaba obstáculos y abría puertas de par en par en el afecto de todos. Era inmensamente tierno, adoraba a su esposa, hijos, hija, nietos y nietas, hermano y hermanas, y ampliaba su familia estricta a sus más allegados colaboradores, presididos por la yaya Emi con sus 102 años.
Nació en Bechí (Castellón), estudió Derecho –alcanzó el título de Doctor- en Valencia, conoció a Marisa y pronto se dejó vencer por la vocación educadora de quien sería esposa y mujer fuerte de su evangelio familiar. Montaron una sencilla academia en Benicalap y fueron los descubridores del potencial urbanístico y educativo de La Eliana, donde montaron el colegio madre, la joya de la corona, Iale, que ya en sus inicios convirtieron en catedral del inglés.
Pronto saltaron ambos. Siempre muy unidos, a Dublín, a Londres, a Boston, con los Elians, cuando pocos salían de España a estudiar inglés, ellos sentaron cátedra y fundaron colegios allí, pioneros en tantas cosas. Regresaron y sembraron en Requena, La Nucía y Castellón. El colegio de esta última ciudad ha sido sin lugar a ninguna duda su “opera magna”, ejemplo difícilmente superable de centro educativo.
Tenía don Ignacio tiempo para sumergirse en todo lo que le reclamaban en su tierra: entidades académicas, obras sociales y benéficas, asociaciones culturales, cívicas, vicentinas, falleras,… Fue un activo colaborador de los Premios Rey Don Jaime desde su patronazgo en la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados. Con él, en perfecta unidad y simbiosis, vivía y trabajaban todos los miembros de su familia, tan entrañable y querida para él, donde ejerció de patriarca, líder y maestro, experto en humanidad y amabilidad.
Hoy se ha ido a unirse con Luís, su hijo que le precedió en el camino de la eterna felicidad hace algunos años, quien a pesar de su pronta marcha supo vivir de acuerdo con el espíritu de sus padres, absorbiendo de él la filosofía del esfuerzo, de la obra realizada con ilusión y empeño, cargado de sentido común, sembrando en su mundo y entorno la satisfacción y el amor por el trabajo bien hecho, humana y humanísticamente.
Don Ignacio, creyente, hombre de fe, fue un hombre de muchos y variados talentos (Mateo 25,15-30), hermoso regalo de Dios, que él acrecentó y multiplicó, poniéndolos al servicio de la formación, de la cultura, de la educación, de la familia, de sus amigo, y de la gente en general. Y por no haberlos desperdiciado, sino puestos a fructificar, como grano de trigo que germina bajo el suelo, él ha entrado “en el gozo del Señor”, donde le ha recibido su hijo Luís, su embajador en el cielo.











